"Curanipe, navegando en el tiempo"
(El arca maulina del padre Samuel Jofré Rojas)
PALABRAS DEL PADRE SAMUEL
"Mis queridos maulinos..."

martes, 4 de marzo de 2008

Pinochet

Resumen genealógico de las 4 primeras generaciones

A- Guillermo Pinochet (Francia, c. 1696, + Chile, 1742) c/c Úrsula de la Vega y Montero (Penco, c. 1700, +Chanco, 1786)

HIJOS:

A-1. María Josefa (n. c. 1719, + 02.03.1779) c/c Nicolás Mesa y Opazo

A-2. Fray Juan Francisco

A-3. Pedro c/c Isabel Orrego y Pizarro, natural de Quillota.

A-4. Catalina c/c Enrique Verdugo

A-5. Úrsula c/c Justo Mesa y Bravo de Villalba, con descendencia.

A-6. Anselmo c/c Teresa Bravo

A-7. Manuela c/c Lucas Mesa y Bravo de Villalba, con descendencia.

A-8. Antonio c/c Josefa Díaz de la Paz

A-9. Margarita c/c Juan Zapata y Saavedra.

A-10. José Alexo (b. Chanco 31.10.1735, + 27.09.1792) c/c Antonia Ramos y Arellano, natural de Quillota, con descendencia.

NIETOS:

A-1-a. Antonio Mesa y Pinochet (+ 30.07.1797) c/c Rosalía Merino y Fonseca.

A-1-b. José de Mesa y Pinochet, sin noticias.

A-1-c. Sebastián de Mesa y Pinochet, c/c Liberata Josefa Verdugo y Loyola (+ 08.10.1837).

A-1-d. Domingo de Mesa y Pinochet (n. 1754, +02.06.1790) c/c sin haber indicado el nombre de su cónyuge.

A-1-e. Francisco Cornelio.

A-1-f. Pedro de Mesa y Pinochet (bautizado en Cauquenes el 21.11.1755).

A-1-g. María Antonia de Mesa y Pinochet c/c (03.04.1771) Luís Fonseca-Lobo y Ulloa, natural de Chillán.

A-1-h. Ana Mesa y Pinochet c/c Fermín Alvear y Muñoz, con descendencia.

A-1-i. Melchora Mesa y Pinochet, sin noticias.


A-3-a. Diego Pinochet Orrego c/c 1. Clara del Canto con descendencia y c/c Josefa Macaya con descendencia.

A-3-b. María del Carmen Pinochet Orrego c/c Ramón Olmos, con descendencia.


A-4-a. Manuela Verdugo Pinochet c/c Jacinto Letelier Núñez con descendencia.


A-5-a. Justo Mesa y Pinochet c/c 1. Pastoriza Carrasco, con descendencia y c/c 2. Eugenia Velásquez y Moya, sin descendencia.


A-6-a. Guillermo Pinochet y Bravo de Villalba c/c 1. María Salinas y Contreras con descendencia y c/c 2. con su sobrina 2ª. María del Rosario Letelier y Verdugo (A-4-a-a)

A-6-b. María del Carmen Pinochet y Bravo de Villalba c/c Feliciano Gaete.

A-6-c. Alejandro Pinochet y Bravo de Villalba c/c 1. María A. Urrutia con descendencia y c/c 2. María I. Benítez.


A-7-a. Margarita Mesa Pinochet c/c Juan Antonio Opazo y de la Parra, con descendencia.

A-7-b. Pedro Mesa y Pinochet c/c 1. Bernarda Espinosa y Pereira, con descendencia y c/c 2. Francisca Espinosa y Castillo.

A-7-c. Marcela Mesa y Pinochet c/c Lorenzo Muñoz y Aravena.

A-7-d. Bernardino Mesa y Pinochet c/c Antonia Opazo y Vásquez, con descendencia.

A-7-e. Domingo Mesa y Pinochet c/c María Sánchez y Salgado, con descendencia.


A-8-a. Antonia Pinochet y Díaz de la Paz c/c Hermenegildo Muñoz.

A-8-b. Magdalena Pinochet y Díaz de la Paz c/c Francisco Ramos.

A-8-c. Isabel Pinochet y Díaz de la Paz c/c Domingo Pobrete.

A-8-d. Francisca c/c José Castro.

A-8-e. Felipe Pinochet y Díaz de la Paz c/ c María Malbrán con descendencia.


A-10-a. Josefa de la Cruz Pinochet y Ramos (n. Chanco en 1757— +15.08.1817) c/c Narciso Bravo y Opazo, con descendencia.

A-10-b. Luis Pinochet y Ramos c/c Antonia Montero y Salgado.

A-10-c. Manuela Pinochet y Ramos c/c Juan Macaya y López (viudo y con hijos de María Teresa San Cristóbal), con descendencia.

A-10-d. Fernando Pinochet y Ramos (testó en Yumbel el 05.03.1824) c/c 1. Feliciana Villalobos y Bravo, con descendencia y 2. Petronila Seguel, con descendencia.


BISNIETOS:

A-1-g-a. Elena Josefa Fonseca-Lobo y Pinochet.

A-1-g-b. Francisca Josefa.


A-1-h-a. Vicente Alvear y Mesa c/c (29.10.1816) María del Rosario Briceño y Jaque.

A-1-h-b. José de la Cruz

A-1-h-c. Cayetano

A-1-h-d. Dolores Alvear y Mesa c/c Antonio Letelier y Verdugo (su primo), con descendencia.


A-3-a-1-a. José Pinochet del Canto c/c Tomasa Espinosa, con descendencia.

A-3-a-1-b. Manuela c/c Sr. Barahona.

A-3-a-1-c. Francisca c/c José Garzo.

A-3-a-1-d. Martina.

A-3-a-1-e. Dolores Pinochet y del Canto c/c Agustín del Canto.

A-3-a-2-a. Andrés Pinochet y Macaya c/c Rosa González.

A-3-a-2-b. Manuel.

A-3-a-2-c. Pedro.

A-3-a-2-d. María Bernarda Pinochet y Macaya.


A-4-a-a. María del Rosario Letelier Verdugo c/c Guillermo Pinochet y Bravo de Villalba A-6-a.


A-5-a-a. María del Tránsito Mesa y Carrasco, c/c Francisco de la Vega, con descendencia en Chanco.

A-5-a-b. María Magdalena Mesa y Carrasco c/c Rufino Valladares y Moraga, con descendencia en Chanco.


A-6-a-1-a. Marcelina Pinochet y Salinas c/c siendo la segunda esposa de Francisco Letelier y Verdugo, con descendencia.

A-6-a-1-b. María Josefa Pinochet y Salinas, casó en Chanco, el 11 de agosto de 1813, con Cándido de Espinosa-Rueda y Bravo, vecino de la costa de Chanco, con descendencia.

A-6-a-2-a. Carmen 1era. Pinochet y Letelier c/c José Valenzuela.

A-6-a-2-b. María Encarnación Pinochet y Letelier c7c Justo Pastor León.

A-6-a-2-c. Juana María Pinochet y Letelier c/c Lorenzo Hinojosa.

A-6-a-2-d. Dolores Pinochet Letelier c/c José Carrasco.

A-6-a-2-e. Marcelino.

A-6-a-2-f. Teresa Pinochet y Letelier c/c José Cruz León.

A-6-a-2-g. Mariano Guillermo.

A-6-a-2-h. Agustina Pinochet Letelier c/c José María León.

A-6-a-2-i. José Antonio.

A-6-a-2-j. María del Tránsito.

A-6-a-2-k. Mercedes Pinochet y Letelier c/c Juan Sánchez.

A-6-a-2-l. María del Carmen (2da.) Pinochet Letelier c/c Santiago Mora Espinosa


A-6-c-1-a. José María Pinochet y Urrutia c/c María Josefa Letelier.

A-6-c-2-a. Tiburcio Anselmo Pinochet y Benítez.

A-6-c-2-b. Anselmo Lorenzo Pinochet y Benítez.

A-6-c-2-c. María Rita Pinochet y Benítez c/c Camilo del Solar.

A-6-c-2-d. Juan Miguel Pinochet y Benítez c/c María del Solar.

A-6-c-2-e. Francisco Pinochet y Benítez c/c Dolores del Solar.

A-6-c-2-f. José Ignacio Pinochet y Benítez c/c Teresa Gaete, con descendencia.

A-6-c-2-g. Gregorio Pinochet y Benítez c/c María D. Espinosa.

A-6-c-2-h. Juan de Dios Pinochet y Benítez c/c 1. María Vega, con descendencia y 2. A. Besoain, con descendencia.

A-6-c-2-i. Ignacia.

A-6-c-2-j. María Luisa Pinochet y Benítez c/c Salvador Verdugo.

A-6-c-2-k. María del Carmen Pinochet y Benítez c/c Matías Fernández.

A-6-c-2-l. María Mercedes Pinochet y Benítez c/c Fidel Merino.

A-6-c-2-m. Rosario Pinochet Benítez c/c Ramón Cañas.

A-6-c-2-n. Manuel Ignacio.


A-7-b-1-a. Ignacio Mesa y Espinosa, (n.c. 1786, + 12.07.1855) c/c Rafaela Josefa Letelier y Villalobos (n. 1790, + 1880)


A-10-a-a. Alejo Bravo y Pinochet (n. 1780, +29.09.1832) c/c Juana María García.

A-10-a-b. Patricio Bravo Pinochet (b. 17.03.1785, +15.09.1846) c/c Francisca Bravo y Gómez.

A-10-a-c. Carlos Bravo Pinochet (n.1789, +15.09.1846) c/c Micaela Pereira.

A-10-a-d. Marcos Bravo Pinochet, falleció menor de edad el 01.05.1790.

A-10-a-e. María de los Santos Bravo Pinochet c/c Antonio Silva y Veloso.

A-10-a-f. Pedro Nolasco Bravo Pinochet (n.1800, +01.08.1845) c/c Isidoro Urrutia-Avellaneda, con descendencia.

A-10-a-g. Juan de Dios Bravo Pinochet (n.1778, +04.01.1858) c/c María de la Cruz Encina.

A-10-a-h. Juana Bravo y Pinochet c/c Manuel Mesa y Peña, con descendencia.


A-10-c-a. María Dolores Macaya Pinochet.

A-10-c-b. Francisca Macaya Pinochet c/c Juan Agustín Cuevas y Medrano.

A-10-c-c. Isabel Macaya Pinochet c/c Francisco Verdugo de la Vega.

A-10-c-d. María Ascensión Macaya Pinochet.


A-10-d-1-a. Juan Pinochet y Villalobos.

A-10-d-1-b. María Pinochet y Villalobos.


Fuentes:

-“Los Pinochet en Chile. Siglo XVIII.”- Oscar Pinochet de la Barra, Editorial del pacífico S.A. , agosto 1979.

-“Antepasados maulinos del presidente de la República General Don Augusto Pinochet Ugarte”- Jorge Valladares Campos.



“LOS PINOCHET EN CHILE. SIGLO XVIII”
Oscar Pinochet de la Barra
Editorial del pacífico S.A.
Agosto 1979.

PRESENTACIÓN

En su “Historia de Valparaíso”, Benjamín Vicuña Mackenna, luego de enumerar algunas familias descendientes de los franceses que llagaron a Penco en el comercio de principios del siglo XVIII, añade: “En cuanto a los gabachos que quedaron varados a lo largo de las costas, no se conserva cuenta por su oscuridad o su excesivo número.”

No era posible retroceder ante un reto como éste, pero pasaron los años y Guillaume Pinochet siguió siendo un fantasma, hasta que un día Jaime Eyzaguirre encontró una de las pocas firmas que se conservan del “gabacho” y su existencia fue tomando forma.

El resto está aquí.

Reconstruido con cariño y paciencia; con la inquietud del buzo que se interna en las profundidades en busca de sus raíces; con la curiosidad del que avizora el horizonte, a la orilla del mar, y trata de ver más allá, donde se confunden realidad y fantasía. ¿Acaso no somos todos una combinación de las dos?

Preparémonos, pues, para conocer existencias que el amor a la aventura y el amor a una mujer hicieron posibles, en las tierras al sur del Maule, hace más de dos siglos y medio.

PADRES

En el barrio de Canta Rana

En el barrio de Canta Rana, en Penco, que Frezier coloca en la parte oriente de la ciudad –mapa de junio de 1712 (1)- estaba situada desde hacía muchos años la casa de Luís Jacinto de la Vega, según lo atestigua documento notarial fechado en Valparaíso en 1663, que Jorge Valladares Campos se encargó de ubicar.

Es probable que allí, alrededor de 1718, contrajera matrimonio su nieta Úrsula, muchacha muy joven, con el comerciante francés Guillaume Pinochet, de 22 años, uno de los tantos que por esos días desembarcaban, iban y venían por las calles del viejo pero siempre pequeño pueblo fundado por el propio Pedro de Valdivia, según lo recuerda en carta del 15 de octubre de 1550: “la intitulé la ciudad de la Concepción e fundela a los 5 de otubre deste presente año de quinientos e cincuenta”.

La ceremonia tiene que haber sido muy concurrida.

Úrsula era el producto de dos familias de renombre: (2) los De la Vega y los Montero. Sus ascendientes rivalizaban en el servicio de la Corona. Asencio de la Vega, bisabuelo paterno, había participado en tiempos del gobernador Alonso de Ribera, en la Armada del Mar del Sur. ¿Estuvo acaso con Gabriel de Castilla en la increíble aventura que los llevara a las regiones antárticas en marzo de 1603, “hasta los 64 grados Sur, donde había mucha nieve”? Además, el padre de una de sus bisabuelas paternas, el capitán Bartolomé de Cepeda, había combatido en Valparaíso en 1601 al holandés Dirck Gherritz –o Giraldo, según lo llamaron en su época- también pretendiente, con Gabriel de Castilla, al título de descubridor de la “Terra Australis”.

Por parte de madre, la joven Úrsula era hija de Josefa Montero de Zúñiga y nieta del famoso Diego montero de Amaya, casado este último con Juana de Zúñiga Arista, descendiente de los conquistadores Francisco de Aguirre y Juan Jofré. Todos sus ascendientes eran maulinos venidos de la lejana Ronda, allá en Andalucía. Su tío Juan Montero de Zúñiga, relata así algunos de los actos que la familia realizara por el Rey, al pedir en 1703 la encomienda de Chanco:

“Además de su calidad y nobleza, ha zerbido a Su Majestad en las ocasiones que se han ofrecido en esta frontera, con sus armas y cavallos, criados y buena voluntad, y es hijo lexítimo del capitán Diego Montero de Amaya, y también ha zerbido a Su Majestad más tiempo de cuarenta años en el alzamiento general… hallándose en las más locas corredurías y trasnochadas y reencuentros con el enemigo, talas de comidas y en las redificaciones de los tercios y fuertes y así mesmo su abuelo el capitán Cristoval de Amaya Montero, que sirvió más tiempo de 50 años a Su Majestad… y el dicho abuelo salió con muchas heridas, quedando liziado dellas. (3)

Del novio sabemos mucho menos y de su familia, nada seguro.

EL FRANCÉS DON GUILLERMO

El 16 de noviembre de 1700, Luís XIV anunció a sus cortesanos, mostrando a su nieto Felipe de Anjou: “Aquí tienen al Rey de España”. La Guerra de Sucesión iba a durar 13 años, hasta la Paz de Utrecht, que en Penco se conoció en diciembre de 1713.

“Ya no hay Pirineos”, habría exclamado el Jove Felipe V, y los navíos franceses zarparon del puerto de Saint Malo, en Bretaña, y de Marbella, a la América española, doblando el Cabo de Hornos. Desde el “Aurora”, en 1702, hasta el último barco con contrabando francés, en 1721.

Aun antes de asumir el joven Felipe, la Reina regente había ordenado por Real Cédula de 11 de enero de 1701: “He resuelto se dejen entrar en los puertos de las Indias a los bajeles franceses que llegaren a ellas y que por su dinero se les den los bastimentos necesarios”. (4)

Por supuesto, los “bastimentos” fueron cambiados por mercaderías europeas que los admirados habitantes del fin del mundo no conocían sino de oídas. Vicuña Mackenna las ha enumerado en su “Historia de Valparaíso”: sombreros de castor de Francia, encajes de Bélgica, bayeta inglesa. De Italia, el terciopelo y las medias de seda; de Holanda las especias (clavo de olor, canela y nuez moscada procedente de las Malucas). Una vez pagados los “bastimentos”, el resto de los géneros y otras maravillas fueron entregados por dinero contante y sonante. Según cálculos franceses, de 1703 a 1720 entraron al puerto de Saint Malo no menos de 400 millones de libras en plata, producto de este comercio.

Pero había asimismo otra clase de mercadería que fue más útil a la colonia: tijeras de podar viñas, azadones, cuchillos “flamingos” (sic), tijeras de sastre, listonería, resmas de papel, etc.

Guillaume Pinochet nació alrededor de 1696, según se desprende de una escritura de poder, de 1738, en la que figura como testigo y declara tener 42 años. (5)

Su calidad de comerciante en paños queda en claro de acuerdo a lo expresado por una tal Miguel Bastidas, en su testamento de 20 de marzo de 1753. (6) Bastidas afirma que dio al joven Pinochet “cien pesos en géneros para que los vendiese” y que Úrsula supo de esto pues “en su presencia le entregué dichos géneros”.

(…)

SITUACIÓN DE CHILE A COMIENZOS DEL SIGLO XVIII

La sublevación de los indios, a mediados del siglo XVIII, trajo a Chile muerte, miseria y destrucción. El historiador Pedro de Córdoba y Figueroa, nacido justamente en Penco en 1692, traza el siguiente cuadro: (9)

“Es cosa portentosa de que en un improviso se sublevasen 200 leguas de país, en longitud y latitud de mar a cordillera, que es la del Reino, tomando las armas cuantos indios la habitaban. Consumió la voraz llama cuantas haciendas de campo tenían los españoles; con pérdida de muebles, ganados, caballos, yeguas y mulas. Lastimoso aspecto fue ver marchar a pie a las mujeres y niños, ancianos y enfermos, en la estación más ardiente”.

A esto se agrega el enorme atraso con que la tropa recibía sus sueldos, el “situado”, en los últimos años.

Pero a fines de ese siglo ocurrió un hecho que vino a aumentar las esperanzas de mejoría. Terremotos en Perú arruinaron las cosechas y el valle central de Chile se convirtió en el granero de Lima, comercio que aumentó a principios del siglo XVIII.

Entonces llegaron los franceses y su presencia no sólo fue un importantísimo hecho económico, sino social y aún, con el andar del tiempo, político por sus ideas de independencia. Una población completamente aislada del mundo, en duro y constante pie de guerra, trató de incorporarse a la civilización europea en el vestir, el comer, el construir, el trabajar la tierra, la artesanía. Los colonos conversaron, preguntaron y fueron informados acerca de un mundo respecto del cual no tenían una idea clara.

Y fue naciendo la inquietud.

La acogida a los marinos y comerciantes tenía que ser diferente según se tratase de las autoridades o de los pobladores. Las primeras estaban preocupadas por el contrabando –cuando no colaboraban abiertamente con él, como el gobernador Juan Andrés Ustáriz- y por el temor a ver influenciadas las costumbres con “malos ejemplos”. Es típica la carta del oidor de la Real Audiencia, Diego de Zúñiga, a Felipe V, al iniciarse la llegada de los franceses: (10)

“…porque en estos bajeles vinieron muchos holandeses, luteranos y calvinistas… y franceses fatigados de navegación tan dilatada o aficionados a lo abundante y pingüe de la tierra; se quedaron dentro de ella y a no descubrirlos mi enviado, y averiguarlo ser olandese luteranos, pudieron cooperar a sembrar la heregía por la gente rústica…”

Diez años después, el obispo de Concepción, Andrés Montero del Águila, coincide con estas expresiones: (11)

“¿Qué ha de hacer un obispo que, cuando quiere remediar un daño –como me ha sucedido en los escándalos lascivos que han ocasionado los navíos franceses- no hace sino dar ocasión al gobierno para vender el permiso y que le paguen la continuación del pecado?”

La actitud de los habitantes fue completamente distinta y se conquistó la simpatía y agradecimientos de los extranjeros, cuyas alabanzas del clima, de las bellezas naturales y de la bondad de las gentes, son casi un lugar común, por lo unánimes.

El hombre de ciencia, padre franciscano Louis Feuillée, quien estuvo en Penco por primera vez el 20 de enero de 1709, expresa que “en el reino de Chile la ayuda a los extranjeros es extremada, la gente es de una bondad sin límites… cada casa es un “auberge” (posada) donde los mejor recibidos son siempre los extranjeros…” (12)

¿Y que decían de ellos los chilenos?

El jesuita Miguel de Olivares, nacido por esos días en la vecina aldea de Chillán, manifiesta que “los franceses tienen singular afición a la ciudad de la Concepción y afirman sin emboso que la causa es la excelencia de sus vinos”. (13)

Pero ¿qué era Penco en esos días?

En cuanto al lugar en que estaba construida, el suizo Thomas Raynal –del que habrá que ocuparse más adelante- lo describe como “un terreno irregular, arenoso, poco elevado, al borde de una bahía cuyo desarrollo es de alrededor de 4 leguas, y que tiene tres puertos, uno sólo de los cuales es seguro”. (14) El terreno poco elevado le jugaría malas pasadas a penco en su historia y el mar entraría varias veces arrasándolo todo.

El padre Feuillée dice en 1710, en su segunda visita, que tiene amplias avenidas (sic), casa de tejas, mal amobladas, huertos llenos de árboles frutales sin podar (¡), quebrándose las ramas con el peso de la fruta. Parecería una descripción de ciertos lugares campesinos que aún quedan…

Frezier, por su parte, pone sobre el mapa indicado anteriormente, una de las más antiguas, si no la más antigua, vista de penco, con sus iglesias, su fuerte de gruesas murallas y algunas casas; todo rodeado de colinas. En la parte vecina a una de ellas, a la sombra de sus árboles más altos, estaba el barrio de “canta rana”.

Volvamos a él.

LOS TRANQUILOS AÑOS EN PENCO

La joven pareja puede haber vivido en casa del padre de Úrsula, Alejo de la Vega y Sagrado. Su abuelo Luís Jacinto había muerto cuarenta años antes. También es posible que Guillaume, que de aquí en adelante llamaremos Guillermo, como él se firmaba en Chile, haya estado viviendo antes de casarse a poca distancia de Penco, en Talcaguana (sic), donde los franceses se habían establecido.

Porque las ventas, prohibidas por diversas órdenes reales, no habían cesado jamás y los comerciantes no se limitaban a vender a bordo de sus barcos, sino que se trasladaban a tierra y allí permanecían hasta venderlo todo. Ese era, por lo menos, su propósito. Pocos lo realizaron, en vistas de la abundancia de sedas, telas diversas y otros objetos para un mercado muy reducido. Lo principal quedaba siempre en Lima y algo en Valparaíso, de paso a Santiago.

De ahí que optaran por construir sus propias casa de madera, que contrastaron con las pesadas de adobe o rústicas de tabique de ramas y barro, abundantes en la zona. La Barbinais le Gentil, uno de los primeros “turistas” de la época, nos explica luego de visitar Penco y Talcahuano, en marzo de 1715, que sus compatriotas preferían eses rincón de la bahía por ser más abrigado para sus barcos: “ahí habían invernado dos o tres años y construido cabañas muy limpias y cómodas”. (15) También, su propia capilla.

Guillermo y Úrsula no eran la única pareja franco chilena del lugar. Estaban también Jean Francois Briand de la Morandais o Morigandais, casado con Juana Cajigal y Solar; Nicolás Daniel Pradel, con Gabriela de la Barra; Joseph du Nos, con jerónima Caldera; Francois Bascur, con Rosa del Pino; Reinaldo le Breton, con Josepha du Nos; Jean Antoine Duval, con Magdalena Salazar; Thomas de L´Hotelier et Floret, con Margarita Vergara y, luego, con Andrea Díaz Gallardo, y tantos otros.

Agrega La Barbinais algo poco amable para las muchachas de la zona en busca de marido extranjero: “Las mujeres son bonitas, pero demasiado fáciles e interesadas”. Parece que a él no le fue muy bien… pues continuó su viaje alrededor del mundo, pasando por China.

Debe haber causado gran sorpresa a los colonos chilenos la manera de vivir y de trabajar de los “gabachos”. El jesuita Felipe González de Vidaurre, nacido en Concepción en 1748, nos cuenta “no fue poco lo que aprendieron de ellos los chilenos. Yo alcancé aún discípulos en diversas artes de los franceses, mediante los cuales hay quien sepa hacer una cerradura, una llave, una puerta, etc., a los cuales oí diversas veces que hasta que no vinieron los franceses no había en la ciudad uno que supiese majar bien el hierro, ni escuadrar una puerta, ni nivelar el terreno”. (16)

Pero las autoridades civiles y religiosas seguían recelosas. Así fue como se ordenó a los extranjeros abandonar el país, desde 1708.

El gobernador Andrés Ustáriz (1709-1717), uno de los más encarnizados enemigos de los franceses, dispuso penas graves para aquellos españoles que los ocultaren y en 1713 mandó que los solteros fueran expulsados por el puerto de Valparaíso. Sin embargo, el propio Ustáriz se entendía bajo cuerda con los comerciantes como Pradel, Chanloret, Morandais, Frondac. Había designado a su hijo Fermín, de 22 años, Corregidor de Concepción y abierto tienda al lado de su casa de Santiago, donde su amigo y socio Miguel de Vicuña vendía los géneros. El joven Fermín cobraba 1.000 pesos a cada comerciante que solicitaba adquirir “bastimentos”. El gobernador Ustáriz, que había comprado el cargo por 24.000 pesos, era comerciante en Sevilla y se ve que jamás olvidó su verdadera vocación, hasta que el rey le destituyó y ordenó se le siguiera juicio de residencia.

Le sucedió Gabriel Cano de Aponte (1717-1733) y el 20 de octubre de 1718, Felipe V ordenó una vez más la expulsión de los extranjeros, exceptuándose luego los casados y los artesanos.

EL MATRIMONIO SE TRASLADA A CHANCO

Luego de una primera etapa en que el matrimonio de Guillermo y Úrsula tuvo la ayuda de familiares –y comenzaron a nacer los primeros hijos-, parece natural que haya buscado otros horizontes. Posiblemente fue entonces cuando compró unas hectáreas de viña en la estancia de Copiulemu, a un heredero de doña Susana de la Vega. (17) Esta estancia (“bosque de copihues”) estaba compuesta por dos mercedes de tierra hechas al antepasado de Úrsula, Asencio de la Vega: una por 400 cuadras, en 1607, y la otra por 300 cuadras, en 1612. (18) Copiulemu está a unos 40 kilómetros al norte de la desembocadura del río Itata, junto a la rada de Buchupureo. En 1663 se ratificó la encomienda de Copiulemu a Pedro de la Vega, tío de Úrsula. (19) En 1773, la estancia estaba aún en poder de la familia de la Vega, en este caso, de una sobrina de Úrsula:María Josepha de la Vega, hija de su hermano Jacinto y de Josepha de Mesa y Opazo.

Pero, si se detuvieron en Copiulemu fue por poco tiempo, luego, Guillermo y Úrsula se fueron a Chanco, donde la familia Montero tenía varias propiedades.

Gustavo Opazo Maturana nos cuenta que el primer Cristóbal de Amaya, ascendiente materno de Úrsula, era en 1622 teniente de corregidor de Chanco y, posteriormente, corregidor del Maule; además, dueño de las estancias de Peuño y de Codeguen, entre Loando y Reloca. (20) Su hijo Cristóbal, a lo declarado por Diego Montero de Amaya en 1699, (21) recibió “un título nuevo de demasías de 500 cuadras en la estancia de Pulbien”, en el partido de Maule.

El mismo Diego Montero de Amaya, abuelo materno de Úrsula, recibió por su parte una merced de 600 cuadras de tierra en Nugurúe, al norte de Copiulemu, el 2 de enero de 1679, (22) de parte del gobernador don Juan Henríquez, y luego, en 1683, Diego compro otras 300 cuadras en la quebrada de Punchema, “en los términos del pueblo de Chanco, a una legua del”, al capitán Lorenzo Sánchez Guzmán. (23)

Relación toda ésta un poco detallista y engorrosa, pero necesaria, ya que las tierras pasaron finalmente a los dos hijos de Diego Montero de Amaya: Juan y Josepha Montero de Zúñiga y, luego a Úrsula y a su hermano Jacinto de la Vega y Montero. Veámoslos, en lo tocante a Úrsula.

En febrero de 1777 –seis meses antes de que falleciera Jacinto en Curanipe-, Úrsula, ya viuda, solicita a la autoridad copia de los títulos correspondientes a sus propiedades por habérsele extraviado. Dice así: (24)

“Que por muerte de mis padres heredé una suerte de tierras en la costa de Chanco nombrada Conulemu, partido de Maule… también de otros dos (títulos) que en la misma conformidad estoy inteligenciada paran en esta secretaría; el uno de 600 cuadras de tierras, sitas en la boca del río Itata y el otro de doscientas en la orilla del río Palomares; los que sin embargo de saber que lexitimamente me pertenecen por ser nieta de don Diego Montero de Amaya, a quien los señores gobernadores predecesores de V.S. le hicieron merced, no he podido hasta lo presente conseguir sus respectivos títulos por haverlos perdido o entrepapelados mis autores”.
La relación familiar entre Úrsula y don Diego queda aquí perfectamente clara y las 600 cuadras son las de Nugurúe, a las que agrega otras cuya existencia no conocíamos: 200 cuadras en el río Palomares.

En enero de 1768, es decir, 9 años antes de esta petición de Úrsula, otro documento viene a aclarar algo que Úrsula quizás no conocía o había olvidado a la avanzada edad en que redactó su demanda, alrededor de 80 años. En esa fecha, don Pedro de Montenegro, yerno de su tío Juan Montero de Zúñiga, casado con su prima María Justa Montero, testa en San Agustín de Talca y agrega un codicilo de gran importancia: (25)

“Mi compañera y esposa, doña maría Justa Montero, me significó que siempre había oydo a sus actores que mil cuadras de tierra se le avían prometido en dote a Da. Úrsula de la Vega, que actual reside en Chanco… con instancias que hizo dicha Da. Úrsula de la Vega, conociendo el cargo que podía tener mi suegro, Don Juan Montero, y teniéndolo lo padecería en la otra vida, para escusar dicho cargo, le remití dos títulos, cada uno de quinientas cuadras”.

Es notable el celo por evitarle al tío de Úrsula que padezca ”cargo en la otra vida…”

Bienes heredados o dote, lo cierto el caso es que la esposa de Guillermo tenía dónde vivir en Chanco, aunque la extensión de la estancia o fundo no era tan importante entonces como aparece ahora. Como lo afirma el historiador Olivares en la obra ya citada: “En Chile no sale de la esfera de pobre el que en mil cuadras de tierras propias mantiene cosa de 200 vacas, 1000 ovejas y algunos bueyes, caballos y mulas”.

Claro que debieron pasar 44 años desde la muerte de su tío Juan Montero de Zúñiga, antes de que el esposo de María Justa Montero le hiciera llegar los títulos de Conulemu… El mismo Juan, muerto en 1724, no había dejado dinero “contante y sonante” y para sus funerales, su viuda, doña Gregoria de Lara, debió vender “600 cuadras de tierra que el dicho marido dexó por suias en el paraxe nombrado Puquililqui y Canelo Blanco, jurisdicción del partido de Maule, que lindan por una parte con… el pueblo de Chanco y cordillera de robles… y una biña perdida”. (26) La viuda recibió 350 pesos: “que an sido y son para la paga del entierro funeral y exequias del dicho mi marido”. Pobre viuda y baratas tierras, porque el funeral en el campo debe haber sido modesto.

Ese documento tiene el mérito de indicarnos una fecha: 1724. Seguramente coincide con la llegada a Chanco de Guillermo y Úrsula y sus pequeños hijos, a hacerse cargo de esas 1.000 cuadras de dote que su tío Juan le había prometido. Para terminar con Juan Montero de Zúñiga diremos que en enero de 1703 había sido nombrado encomendero de Chanco, “por dos vidas” y, según Opazo Maturana, fue el primer maulino en gozar de esta encomienda, después de haber pasado por ella demasiados santiaguinos y pencones… Cuando llegaron Guillermo y esposa, le acababa de suceder en la encomienda el primo de Úrsula, Juan Antonio Montero de Lara, hermano de la mencionada María Justa. (27)

EN EL “BRAZO DE RÍO” CERCA DEL MAR

Chanco –de Chan, “parte de algo” y Co, “agua”- era por entonces un asiento de indios picunches, que los incas llamaron promaucaes o “gente alzada”. Se situaba frente a una bahía bautizada por los ingleses como de Fox, muy abierta, extensa y cubierta de una arena que el viento suroeste hacía avanzar hacia el interior por los espacios no cubiertos de espinos, maquis y boldos. Los indios eran pescadores y habitaban las suaves lomas que se extienden de oriente a occidente, dejando entre ellas quebradas cuyas aguas no siempre llegan al mar, detenidas por la arena. Esta humedad aumentó la fertilidad de la planicie vecina a los primeros contrafuertes de la cordillera de la costa, donde tenían su ganado los españoles, es decir, leche y quesos, lana y cueros en abundancia. Pedro de Valdivia ya había hecho el elogio de la región en carta escrita en Concepción el 25 de septiembre de 1551: “Próspera de ganado como lo del Perú, con una lana que le arrastra por el suelo”.

La quebrada de Chanco era un pequeño curso de agua, un “brazo de río”, y en su ribera norte estaba la estancia de Conulemu, a escasas cuadras de la tosca capilla construida en 1675 y que entonces, cuando llegaron Guillermo y Úrsula, asistía el franciscano Juan de Jélvez, quien debía viajar para ello desde Unihue, el más importante centro de la orden de San Francisco en la zona del Maule.

El siglo XVII había sido pobre y triste.

Las consecuencias estaban todavía a la vista. Cuatro ciudades: Santiago, Coquimbo, Chillán y Penco –las tres últimas con menos de 200 habitantes cada una- y entre ellas campos incultos, deshabitados, con muy pocas casas de barro y techo de paja, sin caminos ni puentes. Agua y pantanos en invierno, o sendas intransitables llenas de piedras y polvo, que sólo servían para las recuas de mulas. Claudio Gay cuenta que “en 1703, cuando el obispo de Concepción fue de Santiago a su diócesis, no halló en el camino más que el convento de los agustinos de Talca, habitado por dos hermanos. En el resto no vio más que desiertos o chozas habitadas por pobre familias”. (28) El viajero inglés Alejandro Caldcleugh, que estuvo en Chile un siglo después, pinta un cuadro que no puede haber sido peor en la época que nos ocupa: (29) “Las casuchas de las clases bajas son de madera y de paja; las mejores son hechas de adobe. Las puertas son a menudo de cueros. Se usa muy pocos muebles. Generalmente se reducen a una cama, una mesa vieja y dos pisos… el resto de la familia duerme en cueros, tirados en el suelo”.

Un país deshabitado, cuyos indios habían escapado al sur del Bío-Bío, arrancando del trabajo en las haciendas y de la dura mano del encomendero. El Cabildo de Santiago decía a la real Audiencia, en 1705, según recuerda Amunátegui en el libro ya indicado: “Falta la labor de los campos y la crianza de los ganados y se han encarecido grandemente los mantenimientos por no haber trabajadores que asistan a estos beneficios, habiéndose extenuado los indios que se ocupaban de ellos con las repetidas pestes y otros accidentes”.

Pero Chanco y sus vecinos Reloca y Loando eran en este aspecto, y en cierto modo, una excepción. La abundante pesca, los campos fértiles y lo apartado del lugar habían conservado una tranquilidad de vida que no se encontraban fácilmente en otras partes del Reino.

Con razón el inspirado Joseph Fernández de Campino exclama en 1744, en su relación del Obispado de Santiago, en la parte correspondiente al corregimiento del Maule: (30) “es el más pingüe, el más frondoso, el más ameno y el de mayor concurrencia de vivientes”.

Luego añade sobre sus comidas que el trigo los preparan “cozido, que llaman mote, como el mayz, que lo usan así, y moliendo entre dos piedras forman unas tortitas que ponen al fuego a la hora de comer. Que con la abundancia de carne, y asada las más veces, y sin mucha sal, comen con sobrada abundancia y viven robustísimos y fáciles en su servicio y libres de humores sus cuerpos”.

Todo era promisorio. Guillermo Pinochet debe haber extendido su mirada por playa y campo, respirado ese aire y recordado más que la dura Bretaña, la vecina Normandía, en que todo es agrado de vivir. Debe haber caminado más de una vez, nostálgico, por sus “costezuelas apacibles”, de las que hablaba Pedro de Valdivia.

La población indígena era allí más bien numerosa. Chanco, Loando, Cauquenes y Purapel fueron citados por sus nombres en 1585, por el obispo Diego de Medellín. Según nos recuerda el presbítero Samuel Jofré. (31) veinte años después de la llegada de Pinochet, todavía quedaban más de 200 indios en Chanco y alrededores.

EL “GRANDE E IMPETUOSO MAULE”

Para llegar hasta Chanco, viniendo desde el sur, bastaba atravesar el moderado río Itata. Otra cosa era si el viajero venía desde el norte; entonces le cerraba el paso el temido y caudaloso Maule, valla infranqueable para los ejércitos del Inca que, sin embargo no pudo atajar en su marcha a los compañeros de Diego de Almagro en 1536.

Cuenta el capitán Alonso de Góngora Marmolejo, en una “Historia de Chile” escrita sólo 40 años después de estos últimos hechos, (32) que el capitán Gómez de Alvarado “llegó hasta el río Maule… que corre grande e impetuoso”, con 200 hombres, y lo atravesó en “balzas de carrizo”. Podemos apreciar la proeza del español si recordamos que era pleno invierno, cuando las aguas bajan veloces desde la cordillera de los Andes, llenando, en tiempos de temporal, la ancha y pedregosa caja del río.

Pocos años después, en 1598, el capitán Gabriel Lucero, venido a Chile con las fuerzas enviadas desde el Perú por el Virrey Velasco, a las órdenes de Gabriel de Castilla, nos cuenta en su natural y espontáneo hablar (33) que desde Santiago partieron a Concepción “soldados bisoños a pie o en yegoas o en caballos mancarrones; y este testigo dejó los dichos caballos en un potrero de Maule, por no podellos pasar por ser tan ruines”. La región del Maule se extendía a ambos lados del río e indudablemente lo que no pudieron pasar las “yegoas y los mancarrones” fue el ancho Maule.

Al sur del Maule se entraba en una región húmeda y cenagosa por la abundancia de lluvias, bosques y ríos: el Achibueno, el Longaví, el Pequilauquén, el Ñuble, el itata. Según el padre Samuel Jofré, Maule significa “lluvioso”. Agrega que los densos matorrales, impenetrables, con pasos que eran verdaderos laberintos o trampas para cazar españoles, hicieron que se hablara de “maulas” o engaños. Era más seguro el camino de la cordillera de la costa.

¡QUÉ RINDA QUE CHARE!, ¡MA RINDA QUEL CHOL!

Aún están en pie (1979) las viejas murallas de la estancia de Conulemu. Un pedazo de construcción remonta sin duda al siglo XVIII por el trabajo de los postes del corredor, hechos a mano, en especial sus extremos labrados, y por el coligüe que, en lugar de tabla, sujeta el barro y la teja, como ayer sostuvo la paja dura. Se usa como granero o bodega. El resto de la casa parece ser de comienzos del siglo XIX.

El documento más antiguo que atestigua la presencia de Úrsula en Conulemu es del 2 de septiembre de 1725; aparece como madrina de bautizo de Rosalía Francisca en la capilla de Chanco. Un mes después, en octubre, nace su hija Úrsula Margarita, bautizada el 27 de diciembre de 1726 por fray Pedro García. En 1727 es bautizado su hijo Pedro, según anota Luís de Roa y Ursúa en su libro “El Reyno de Chile”. Pedro era nacido en Concepción, según lo dirá el mismo al casarse. En febrero de 1728, Guillermo y Ursula son padrinos de bautizo de la indiecita Andrea, “del pueblo de Luanco”. El 13 de febrero de 1729 se bautiza su hijo Guillermo Anselmo. Así la familia se compone ya de 6 hijos. María Josepha, Juan Francisco, Catalina y Pedro, nacidos en Penco; la primera en 1720, según Roa y Ursúa, más Úrsula Margarita y Guillermo Anselmo, nacidos en Conulemu.

La vida en Chanco trascurre sin problemas. De la leche de vaca ya se hacía sabrosos quesos que luego, llevados en mulas, vendían en Concepción y Santiago. El abate Molina, nacido en 1740 en Huaraculén, también al sur del río Maule pero en su valle central, cerca del actual pueblo de Villa Alegre, nos cuenta: (34) “Como la leche tiene las cualidades más apreciables, son excelentes los quesos que se hacen de ella, pero singularmente los que se fabrican en cierto pueblo de las marismas de Maule, llamado Chanco, que ni en bondad ni en tamaño ceden a los de Lodi”.

De pronto, el encanto se rompió con la violencia que en Chile espanta a todos, especialmente a los extranjeros; con el terremoto del 8 de julio de 1730. La zona amagada fue extensa, pero el epicentro parece haber sido Penco, donde fue seguido de maremoto. El obispo José Antonio Escandón, en carta dirigida al Rey el 20 de agosto de ese año, le cuenta las peripecias del sismo, en un lenguaje patético y lleno de autenticidad. Algunos de sus párrafos, trascritos por Amunátegui en obra ya mencionada, dicen así:

“Yo, Señor, salí de mi casa, aquella triste noche, a los primeros avisos de la salida del mar. Salí mal vestido, porque el peligro de la cercanía de mi casa al mar no permitía mucho tiempo y a poco más de una hora se inundó toda. Perdí en la inundación y en la ruina cuanto había en mi casa; no he perdido mucho, porque todo cuanto tenía era poco, pero he quedado si oratorio, sin pontificales, sin ornamentos, sin librería, sin ropa y menaje de mi persona, que todo hace gran falta a mi pobreza… lo que sí me tiene traspasada el alma es la extrema necesidad e imponderable desamparo de estos pobres súbditos.”

El padre Olivares agrega en su historia otros comentarios: “La avenida sacó encima de sus olas todas las alhajas que halló en las casas, capaces de boyar sobre ellas. Allí nadaban las camas, las sillas, mesas, las cajas, sin que nadie pensase que en ver por donde podía escapar”.

De haber estado en Penco, la familia Pinochet de la Vega pudo haber perecido. Seguramente cayó parte de la casa en Conulemu. Pero hubo algo peor: el maremoto destruyó los archivos de la ciudad fundada por Pedro de Valdivia y desapareció toda traza de su inscripción de matrimonio, del origen de Guillermo, del nacimiento de los primeros hijos. Se había cortado su última unión con Francia y ahora la única realidad se llamaba Chile.

La tragedia unió a los pocos habitantes de Chanco alrededor de la capilla que, según el padre Samuel Jofré, tenía 8 metros de frente y 16 de fondo. De gruesas paredes de adobe y un corredor en el lado poniente, estaba rodeada por el cementerio. En su interior se guardaba una imagen de la Virgen del Rosario, según unos, o de la Candelaria, según otros, traída desde Concepción o de Imperial.

Debe haber sido un espectáculo verla salir en andas, llevada por la gente importante del lugar, mientras los indios cantaban en un castellano de pronunciación especial:

“Qué rinda que chare
Ma rinda quel chol
La Virgen de Chanco
La mare de Dió”.

El actual párroco de Curanipe, señor Jofré, ha podido rescatar estos versos llenos de la piedad ingenua del pueblo.

Siguieron ceremonias religiosas, presididas por el nuevo cura, fray José Lizana, que necesariamente terminaron en fiesta. Corrían las calabacitas de vino con harina tostada, el mote, el caldillo de papa con chuchoca molida y carne picada. Se adelantaron matrimonios y hubo muchos bautizos, entre estos últimos uno muy importante, de la hija del cacique Diego Minchelemu y de Leocadia Güechunante. Se la llamó Catalina, pues su madrina fue la jovencita Catalina Pinochet de la Vega. Guillermo Pinochet, quien según Alejandro Cañas Pinochet había sido encomendero de Chanco desde 1727 (35) y, según Jofré aún lo era en 1729, estaba convertido en una de las primeras figuras del lugar y de las pocas personas a cuyo nombre se anteponía el tratamiento de Don.

“BAPTISOLO EN CASO DE NECESIDAD”

Guillermo era un hombre religioso, como buen bretón. En el registro de bautizos correspondiente a Chanco hay una inscripción que así lo prueba. El 1º de enero de 1731 bautizó al niño de un año y ocho mes, Santiago Aguilera, siendo padrinos los esposos Pinochet de la Vega. Una anotación al margen expresa: “baptisolo el dicho Guillermo en caso de necesidad”. El muchachito debió haber estado enfermo y el francés sintió en su conciencia la necesidad de proceder inmediatamente.

Seguramente fue en esos años cuando el mayor de sus hijos hombres, Juan Francisco, decidió su entrada a la orden del Pobrecito de Asís.

A pocas leguas al interior de Chanco, más allá de la espesa “cordillera de robles” de que habla doña Gregoria de Lara, se alzaba el llamado hospicio de Unihue, fundado por los franciscanos antes de 1663, “a la vera del camino real de Santiago a Concepción”, como dice el señor Jofré. Desde 1714, era convento y, junto al de los agustinos al norte del río Maule, el más importante lugar poblado en muchas leguas a la redonda. Fray Diego de Umanzoro, el franciscano obispo de Santiago, estuvo en Unihue y ordenó abrir el registro parroquial el indicado año de 1663. Hoy se conserva en la parroquia de San Pedro de Cauquenes.

San Antonio de Unihue, se llamaba, y de ahí partieron a evangelizar la zona adyacente. Estaba a media distancia del pueblo de indios de Cauquenes y a otras tantas leguas de otro poblado entonces más importante, Chanco. A éste último iban a caballo por un sendero que subía la montaña en Tapihue y, luego, por Molco, atravesaba bajo la sombra de la entonces poblada flora chilena: robles, litres, pataguas y canelos, la nota clara del copihue, las enredaderas de cóguiles y la alegría de los pájaros de nuestra tierra. ¡Qué buena la descripción del jesuita Alonso de Ovalle!:
“Los árboles son de muy fragante olor; pero los que en esto se aventajan a todos los de la tierra, son los que nacen y se crían en los términos de la Concepción. Nunca creyera que era tanta, hasta que lo vi, porque andando por aquellos caminos topaba hermosísimas arboledas, que por uno y otro lado los cercaban y era el olor de sus hojas tan apacible y suave que me parecía no serlo más que el de los jazmines y violetas”. (36)

Por esa senda tomó el camino del Señor, Juan Francisco Pinochet de la Vega, aunque su padre, “el francés don Guillermo”, tenía también amistad con los agustinos de Talca y al morir dejó a su alma “como única y universal heredera”. Así se comprende que Pinochet no haya tenido dificultades para radicarse en una colonia donde el poder de la Iglesia era grande, al revés de muchos otros comerciantes y marinos franceses, tildados de “herejes y calvinistas” y finalmente expulsados.


LA INDUSTRIA DE CORDOBANES

Se había juntado en Chanco y alrededores, una pequeña colonia de extranjeros. Además de Pinochet, estaba Juan Antonio Duval, que fue enterrado en la antigua capilla del lugar; Francisco d´Espinasse, agrimensor; Nicolás Jaque, Francisco Jofré, uno de los fundadores de Cauquenes y el portugués Manuel Paiva. Jaque era casado con Catalina Montero de Amaya y todos estaban deseosos de contribuir al desarrollo de la zona.

Guillermo Pinochet instaló en Conulemu una industria de cordobanes, piel curtida de macho cabrío o de cabra que no sólo surtía a Chile sino que embarcaba a Perú.

Dice Joseph Fernández de Campino, oficial de la Real Hacienda, al Rey, sobre esta industria del corregimiento de Maule: (37) “Matan anualmente grandísimas porciones de chivatos… y su mayor fruto y hutilidad es el de sus cueros que curten y hacen cordovanes, de quien no solamente se provee este Reyno, sino la mayor parte de Lima y el Perú”.

Sus usos eran variados y con el trigo, el charqui y el sebo, el cordobán constituía uno de los rubros más preciados de Chile. Con este cuero suave se hacía pergamino y encuadernaba libros, se confeccionaba odres para vino y agua, botas y zapatos, monturas, riendas, tiros, correas y tientos.

Claudio Gay describe así el trabajo: (38)

“Se estaca el cuero, quitándolo al animal cuando todavía está caliente, echándole salmuera para darle cuerpo, después de limpiarle la sangre, afrecharlo y extenderlo. Este cuero se quita desde la cabeza hasta la punta de la barba para que salga la frente, las orejas y por la mitad del vientre las patas hasta las pezuñas con las uñas.”

Para esta labor de curtiembre, Guillermo construyó un galpón de 29 varas de largo por 10 de ancho, con techo de paja y totora. Al medio había un gran cajón de tabla de pellín, de 8 varas de largo por 5 de ancho y 2 de alto, para echar los cueros. El completo inventario de su taller de trabajo contaba, según relación de 1743 (39) con “un cozeadero con 9 cajones y su canaleta”, “una labradera de 9 varas y con 20 tablas”, “2 afrecheros de madera de pellín”; todo lo anterior destinado a limpiar los cueros del vellón o del pelo, antes de adobarlos y estirarlos. Para curtirlos y teñirlos usaba el pangue, planta muy abundante en los lugares pantanosos y húmedos. También tenía algo indispensable en un curtidor: dos “noques” o estanques, uno para 1200 cueros y el otro para 500, de piedra y cal. Además, cuchillones de pelar cueros y otras herramientas.

Una vez curtidos y transformados en cordobanes, los enviaba a comerciantes de Concepción y Santiago, encargados de su exportación o comercialización al detalle. Uno de los compradores habituales de Pinochet era el francés Joseph Dieulefit, a quien se mencionará más adelante.


(Continuará)







2 comentarios:

Filesrat dijo...

Este trabajo es muy parecido al que he realizado los últimos cionco años, me gustaría tomar contacto con el autor.
Atentamente, Francisco Becerra Salgado.

Ricardo Saez dijo...

MUY INTERESANTE EL TRABAJO REALIZADO, ME INTERESA MUCHO PODER CONTACTAR AL AUTOR PUESTO QUE TENGO ALGUNAS INCOGNITAS QUE DESCIFRAR Y ALGUNOS DATOS QUE PUDIERAN COMPLEMENTAR TODA ESTA INFORMACION. TODO ESTO DEJADO POR MI MADRE DOÑA ADRIANA DEL VALLE PINOCHET.

CONTACTO: RICARDO SAEZ DEL VALLE, PATORUSU@HOTMAIL.COM.

Migraciones humanas prehistóricas

Territorio Mapuche

MÚSICA DEL MUNDO

Ya rayah: una canción sobre el exilio en tierra extraña

Ya Rayah

1,2,3 soleils: son Rachid Taha, Khaled (mi preferido, sin duda) y Faudel. Tres crack del Raï que llevaron a este género norte africano a la modernidad, y en ella siguen.

El concierto de 26 de septiembre de 1998 en palais omnisports de Paris-Bercy (POPB) fue grabado y después comercializado en un disco, que yo guardo como oro en paño.

Esta canción que os dejo es Ya Rayah, una canción mítica de un clásico argelino del raï: Dahman el Harrachi.

Es una canción dura de emigración, de exilio, en definitiva de abandono de la tierra de uno para buscar a veces simplemente un futuro, ni tan siquiera mejor.

Traducción, un tanto libre y después de consultar algunas traducciones en francés (está en argot argelino, y de eso chanelo muy poco):

[Estribillo]
Ya Rayah win m'ssefer t'hour taaia ou touila
¡Oh emigrante! ¿a dónde viajas? Te cansarás y terminarás por volver

Chral n'dmou l'aabad el rafliin kablek ou kabli
Cuantos se han arrepentido antes de ti y de mi

Ya Rayah win m'ssefer t'hour taaia ou touila
¡Oh emigrante! ¿a dónde viajas? Te cansarás y terminarás por volver

Chral n'dmou l'aabad el rafliin kablek ou kabli
Cuantos se han arrepentido antes de ti y de mi
[Fin Estribillo]

Chhal cheft al bouldan laamrine wa lber al khali
¿Cuántos países poblados y desérticos has visto?

Chhal dhiyaat wqat chhal tzid mazal ou t'khali
¿Cuánto tiempo has desperdiciado?¿Cuanto tiempo te queda más por dejar?

Ya lghayeb fi bled ennas chhal taaya ma tadjri
¡Oh tu ausente!, no paras de correr en el país de los otros

Tzid waad el qoudra wala zmane wenta ma tedri
El destino y el tiempo siguen su curso pero tu lo ignoras

[Estribillo]

Aalach qalbek hzine waalach hakdha ki zawali
¿Por qué tu corazón está tan triste?¿Por qué permaneces allí como un desgraciado?

Matdoum achadda wila tzid taalem ou tabni
Las dificultades no durán, y tu tampoco construirás y ni aprenderás más

Maydoumou layyam walay doum seghrek ou seghri
Los días no durán, todo como tu juventud y la mía

Ya hlilou meskine li ghab saadou ki zahri
Oh dulce desgraciado que tu suerte ha pasado, como la mía

[Estribillo]

Ya msafer naatik oussaayti addiha el bakri
Ôh viajero, te doy un consejo para que lo sigas

Chouf ma yeslah bik qbal ma tbia ou ma techri
Mira lo que te conviene antes de comprar o vender

Ya nnayem djani khabrek ma sralek ma srali
¡Oh tu el dormido! noticias tuyas me han llegado, te ha pasado lo que a mi me pasó

Hakdha rad el qalb bel djbine sabhane El Aali
Así devuelve el corazón a su creador el Altísimo.

[Estribillo]

Fuente:
Moeh Atitar de la Fuente