
UNA NUBE CUBRE EL SOL EN CURANIPE
(La segunda oleada que niega a la "gente de la tierra")
Ya en los inicios del siglo XX, las familias coloniales criollas con sus costumbres austeras habían sido desplazadas en su protagonismo, por una gran cantidad de inmigrantes agregados a la sociedad local por motivos del beneplácito con que se los recibía en matrimonio y a sus hijos, nefasta costumbre común a nuestros países mestizos, que es la de tratar de “blanquearse” a toda costa para asemejar a europeos.
No deja de ser interesante mencionar que muchas de las antiguas familias marcharon hacia otras ciudades una vez terminó el puerto, quedando diferenciadas claramente de allí en adelante por color de piel y de origen la gente habitantes del pueblo y estas nuevas familias en apariencia foráneas.
Ya en los inicios del siglo XX, las familias coloniales criollas con sus costumbres austeras habían sido desplazadas en su protagonismo, por una gran cantidad de inmigrantes agregados a la sociedad local por motivos del beneplácito con que se los recibía en matrimonio y a sus hijos, nefasta costumbre común a nuestros países mestizos, que es la de tratar de “blanquearse” a toda costa para asemejar a europeos.
No deja de ser interesante mencionar que muchas de las antiguas familias marcharon hacia otras ciudades una vez terminó el puerto, quedando diferenciadas claramente de allí en adelante por color de piel y de origen la gente habitantes del pueblo y estas nuevas familias en apariencia foráneas.
Teniendo fuertes valores mercantilistas y de ascensión social, inmediatamente desarrollaron un particular y agresivo esnobismo de exclusión y segregación racista el que lamentablemente se mantiene hasta el presente. Forman actualmente las cúpulas económicas de la región, manteniendo sus privilegios y sistemas de creencias por medio de enlaces matrimoniales que perpetúan solidariamente su visión del mundo.
Seguramente pueda interpolarse lo sucedido en nuestro pueblo al resto de Chile y probablemente entonces también pueda explicarse muy fácilmente nuestro actual estado de cosas. Todos los grupos de poder de nuestros tiempos, ya sean políticos, económicos y militares tienen su origen en combinaciones de circunstancias similares.
Copio un fragmento de “Cien Años de Soledad”, el que se explica por sí mismo:
Gabriel García Márquez
Edición de Jacques Joset
Cátedra
Letras Hispánicas
Editorial Sudamericana
“..No hubo, sin embargo, mucho tiempo para pensarlo, porque los suspicaces habitantes de Macondo apenas empezaban a preguntarse qué cuernos era lo que estaba pasando cuando ya el pueblo se había transformado en un campamento de casas de madera con techos de zinc, poblado por forasteros que llegaban de medio mundo en el tren, no sólo en los asientos y plataformas sino en el techo de los vagones. Los gringos, que después llevaron sus mujeres lánguidas con trajes de muselina y grandes sombreros de gasa, hicieron un pueblo aparte al otro lado de la línea del tren, con calles bordeadas de palmeras, casa con ventanas de redes metálicas, mesitas blancas en las terrazas y ventiladores de aspas colgados en el cielorraso, y extensos prados azules con pavorreales y codornices. El sector estaba cercado por una malla metálica, como un gigantesco gallinero electrificado que en los frescos meses de verano amanecía negro de golondrinas achicharradas.”
Seguramente pueda interpolarse lo sucedido en nuestro pueblo al resto de Chile y probablemente entonces también pueda explicarse muy fácilmente nuestro actual estado de cosas. Todos los grupos de poder de nuestros tiempos, ya sean políticos, económicos y militares tienen su origen en combinaciones de circunstancias similares.
Copio un fragmento de “Cien Años de Soledad”, el que se explica por sí mismo:
Gabriel García Márquez
Edición de Jacques Joset
Cátedra
Letras Hispánicas
Editorial Sudamericana
“..No hubo, sin embargo, mucho tiempo para pensarlo, porque los suspicaces habitantes de Macondo apenas empezaban a preguntarse qué cuernos era lo que estaba pasando cuando ya el pueblo se había transformado en un campamento de casas de madera con techos de zinc, poblado por forasteros que llegaban de medio mundo en el tren, no sólo en los asientos y plataformas sino en el techo de los vagones. Los gringos, que después llevaron sus mujeres lánguidas con trajes de muselina y grandes sombreros de gasa, hicieron un pueblo aparte al otro lado de la línea del tren, con calles bordeadas de palmeras, casa con ventanas de redes metálicas, mesitas blancas en las terrazas y ventiladores de aspas colgados en el cielorraso, y extensos prados azules con pavorreales y codornices. El sector estaba cercado por una malla metálica, como un gigantesco gallinero electrificado que en los frescos meses de verano amanecía negro de golondrinas achicharradas.”
(...)
“Fue una invasión tan tumultuosa e intempestiva, que en los primeros tiempos fue imposible caminar por la calle con el estorbo de los muebles y los baúles, y el trajín de carpintería de quienes paraban sus casas en cualquier terreno pelado sin permiso de nadie”. (...) “Tantos cambios ocurrieron en tan poco tiempo, que ocho meses después de la visita de Mr. Herbert los antiguos habitantes de Macondo se levantaban temprano a conocer su propio pueblo.”
...)
Comentario 30. “Con esa segunda oleada de inmigrantes Macondo va a sufrir otra transformación social. Junto a los grupos existentes, surgen otras comunidades “los gringos” y los peones que vienen a trabajar en las bananeras (´La hojarasca´). La estructura semi-feudal no desaparece del todo, sin embargo coexiste con esas nuevas clases sociales – técnicos y obreros- típicas de una sociedad ´industrial´; a partir de este momento, la composición social de Macondo será la de un país neo-colonizado por el capital extranjero. Esa comunidad de gringos, que vive casi sin mezclarse con el resto del pueblo, pasa a ejercer el poder económico y político que era hasta entonces de los “criollos” (liberales o conservadores): los Buendía y los Moscote quedan convertidos en piezas de museo (...),(M. Vargas Llosa, pág. 512.)”
“Mira hombre, cuando tengas dudas acerca de lo correcto o lo incorrecto de las cosas, pregúntate: ¿Sirve esto para la salvación del alma? Si no sirve, entonces no sirve para nada, de esto no tengo dudas...”
“Mira hombre, cuando tengas dudas acerca de lo correcto o lo incorrecto de las cosas, pregúntate: ¿Sirve esto para la salvación del alma? Si no sirve, entonces no sirve para nada, de esto no tengo dudas...”
De conversaciones con el padre Jofré Rojas.

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